Agustín de Hipona, llamado el Platón
Cristiano, no es sino un sinfín de barbaridades e irracionalidad ilimitada. Se
desconoce, incluso hoy en día, el poder de la razón en ámbitos intelectuales y
Agustín ignoraba por completo, o eso parecía, la potestad de la razón e
inteligencia humana. La razón, como cúspide máxima de la evolución, la
capacidad lógica, de entendimiento, de dudar, la capacidad de pensar e
interrogarse sobre sí mismo y sobre el mundo logra que el hombre alcance un
conocimiento pleno y muy certero del mundo que le rodea; el resto es un aborto
y algo nada confiable, me refiero con esto a la fe. La fe por sí misma no ha
demostrado nada, nada además de la ignorancia humana, ignorancia aún más
arraigada en aquellos quienes hacen uso de esta.
Sin embargo tampoco hay que quitarle todo el
valor a la fe; ha sido un fiel instrumento de las personas a la hora de darle
una explicación a lo que desconocen, explicación sencilla, irracional e
ilógica, pero al fin y al cabo explicación. La pereza conlleva a la fe, la
ignorancia conlleva a la fe, el no querer buscar el conocimiento conlleva a la
fe. La fe explica lo que el hombre no ha podido comprender (aún). La
investigación filosófica y la fe es una contradictio
in adjecto –contradicción en los términos-, cosa que Agustín pretendía
ignorar. ¿Acaso Anaximandro, Parménides, Heráclito fundamentaron su doctrina
filosófica en los dioses? ¿Será que en algún momento Platón dijo “Y hay dos
mundos, el mundo de las ideas y el mundo de los sentidos porque los dioses así lo
quisieron”? Absolutamente no. Fundamentar la investigación filosófica en la fe
es algo tan contradictorio como… ¡un momento! Creo que no hay nada que se
contradiga más que eso.
Agustín afirma “Yo deseo conocer a Dios y el
alma, ¿nada más? Nada más absolutamente”. Pobre Agustín, supongo que en su
época no se habían empezado a escuchar los rumores, los murmullos, ni tan
siquiera los susurros de aquellos que sabían (y saben) que Dios había muerto y
que permanecía muerto. ¿Cómo conocer
algo inexistente? Es decir, Dios. Sin embargo no podríamos culpar del todo a
Agustín en este ámbito pues es de saberse que su contexto histórico le había
influenciado fuertemente para que creyese en un Dios vivo –y no pútrido como lo
estaría en ese tiempo-; sin embargo denota cierta peculiaridad que se le puede
atribuir fácilmente a la masa ígnara y limitada de razón: “Yo deseo conocer a
Dios y el alma (…) Nada más absolutamente”. ¿Agustín de Hipona fue filósofo? ¿Dónde?
Filósofo que no quiso conocer más que a Dios y al alma –y aún peor:
inexistentes… bueno, si es que la definición de filosofía se da por el amor a
la sabiduría (o conocimiento).
Quizás el mayor pecado de Agustín fue el
confiar y el tener fe en un Dios sin que
antes haya querido estar seguro de la existencia del mismo. Por tanto pasa con
San Agustín algo que ocurriría con cualquier fanático religioso en la actualidad
(mi abuela, por ejemplo): si le pregunto: ¿cómo puede algo perfecto crearnos a
nosotros, seres imperfectos? ¿No determinaría eso una condición de
imperfección?; a lo que él respondería: Dios es todo poderoso y hace cosas que
no están al alcance de nuestra mente. O si le pregunto: ¿cómo puedo yo, algo
finito, abarcar algo infinito que es Dios? (Sustentados en la afirmación
Agustiniana que dice que Dios es la verdad, que Dios está en mi interior y que
por tanto debo buscar en mi interior para encontrar la verdad), a lo que
Agustín me respondería: Dios puede hacer cosas imposibles.
No todo en Agustín es malo, así lo parezca. Propuso
una solución interesante al problema del tiempo antes de la creación. ¿Qué
hacía Dios antes de la creación? –le preguntaría cualquiera. Él respondió que antes
de la creación no había tiempo, por tanto no es válida la pregunta. Dios creó
el tiempo y el espacio juntos, pero decir creó
conlleva a pensar que hubo un antes de la creación, es decir, un momento al
crear. Para San Agustín solo es un problema de palabras puesto que no podemos
entender qué significa que no haya tiempo ni espacio y mucho menos entender
cómo se creó de un momento a otro, lo que nos llevaría a pensar que la creación
es infinita pues se creó al tiempo que con el tiempo. Pero de nuevo la fe explica lo que San Agustín no pudo
explicar, es como si jugara a la ruleta rusa: intentaré explicar esto o aquello
y si fallo, le daré el poder a la fe.
¿Por qué no dudó Agustín de Dios? Quizá por
su odio enfermizo en contra de los escépticos y por su obsesión de quererles
refutar todo. Si Agustín hubiese usado un poco más la razón para, por lo menos,
argumentar la existencia de un ser divino, no habría tanto problema. Sin
embargo no dudó por miedo, por temor al castigo, ¿acaso lo consideraba como un
pecado? Que no se enoje Dios porque dudamos de él, por algo nos dotó de
inteligencia.
Cristian David Rincón
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