Y así
Geraldine acabó conmigo. Aquella última ilusión de felicidad, de amor, fue
destruida, fue acabada. En tanto, contemplar el suicidio no lograría ser una
cosa aún más trágica que lo que ya logró ella en mi. La amaba y ella a mi, o
eso me hacía creer. Ella destruyó mi corazón, pero al destruirlo lo curó.
Gracias a ella, gracias a su amor, gracias a su pequeña ilusión, entendí, sin
prejuicio de más, la esencia de su amor: no me correspondía, ni jamás me
correspondió, simplemente esa fue la causa de su desilusión.
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