martes, 5 de junio de 2012

Cristianismo en época de crisis


De repente llamaron a mi puerta.
-          ¿Quién es? – Pregunté
-          Jesús nos ha enviado – Se escuchó decir

Mi intriga fue tal que sin más reparo abrí la puerta para curiosear sobre ese tal Jesús.
-      -    Continúen, por favor.

Dos señores de opulento traje entraron, en fila india, a mi casa. Tomaron asiento luego de solicitarlo amablemente; yo les serví una taza de café a cada uno mientras escuchaba atentamente lo que venían a decirme.
-          Hermano – empezaron – vinimos a invitarle a la palabra del Señor, Dios está en cada uno de nuestros corazones y en el tuyo también, invítalo a seguir.

Yo, mientras tanto, guardaba silencio escuchando con gran atención lo que aquellos señores me relataban como si fuera una historia; si bien ya conocía los relatos épicos relacionados con Jesús y sus discípulos, les presté la debida atención para no pasar por descortés.
Pasó cerca de media hora hasta que los señores, en su gran capacidad de habla, terminaron; se despidieron y me invitaron a una de sus reuniones para adorar al Dios del que me habían hablado todo el lapso. Con una sonrisa en el rostro que reflejaba mi tristeza les di un apretón de manos y los llevé hasta la puerta. Los vi partir; mientras se alejaban y su figura se desvanecía, pensaba para mis adentros, con gran melancolía.
-      -   Estos hombres, en su traje de lino fino y en su sombrero de copa no saben, no han escuchado hablar de que Dios ha muerto. 


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