En
cierta ocasión Francois conoció a una zagala. Era conocida suya del colegio
(cuando aún estaba en el colegio) y se había encaprichado con ella luego de
gradurase. Salían con frecuencia, se cogían de la mano e incluso llegaron a
besarse. Jamás le habían conocido novio y Francois era el primer sujeto con el
que estaba y que sus amigas se enteraran. No eran novios, jamás lo fueron. La
terrible reputación que corroía a Francois era aspecto suficiente para que ella
no lo aceptara en su vida íntima y sentimental y para que lo desechara de la
noche a la mañana y se fuera con un amigo suyo. ¡La libertad de salir del
colegio la había enceguecido! Lo que nadie jamás creyó que haría, ni siquiera
ella misma, le sucedió a Francois. Dejarlo por un gran amigo suyo, eso duele. Y
a Francois lo lastimó tanto que prometió no volverse a encaprichar con nadie y
mucho menos con una mujer (era una ironía, él sabía que jamás tendría algo con
un hombre).
A
partir de ese momento Francois juró para sí mismo no ir detrás de una mujer
buscando cariño nunca más (a no ser que fuera sexual).
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