lunes, 13 de mayo de 2013

SI DIOS HA MUERTO, ¿TODO ESTÁ PERMITIDO?


Ya pasó más de un siglo desde que Fritz Nietzsche sorprendió al mundo con su frase “Dios ha muerto”. Luego de pensionarse por su enfermedad, dedicó el resto de su vida a defender su tesis. Años más tarde, Dostoievski, contemporáneo de Nietzsche, remató su sentencia afirmando que “si Dios ha muerto, todo está permitido”. En otras palabras, sin Dios no hay moralidad.
     Uno de los principales argumentos teístas para ir en contra del ateísmo, se basa en la prueba moral. El Dr. Craig, uno de los principales defensores del cristianismo contemporáneo, afirma que en un mundo sin Dios no habría diferencia entre el bien y el mal. Sin una autoridad sólida para establecer las normas morales, las discusiones sobre moralidad se basan en simples opiniones subjetivas. No habría respuestas erróneas. No tendríamos la autoridad para tildar un acto de bueno o malo. Viviríamos en el caos; así lo argumenta Craig.
     Sin embargo, el argumento cae por su propio peso. Los ateos más elegantes apelarían a un razonamiento lógico y desmentirían a Craig. Que Dios exista, dirían, es independiente a la moral, pues las razones lógicas objetivas para no creer en él son más fuertes que las demás. Falso. Los preceptos morales básicos (no matar, no mentir, no violar, no torturar, no esclavizar) los sabemos con mucha más seguridad que cualquier otra que se desprenda de un arduo razonamiento lógico. Es más fácil encontrar razones para prohibir el asesinato que razones para permitirlo, por ejemplo.
     Mi propósito es refutar la afirmación de Dostoievski, preguntándome: “si Dios ha muerto, ¿todo está permitido?”[1]. En vez de atacar al cristianismo, atacaré al argumento teísta sobre la moralidad que intenta sustentar su creencia. Por teísmo me refiero a la creencia del Dios de las escrituras, pues las escrituras son el principal argumento que tienen para creer en él, además de las revelaciones. Por tanto, usaré las escrituras para refutar su propio argumento. Solo es necesario acercársele a un creyente, mirarlo a los ojos y, con un tono cordial, preguntarle: ¿las leyes son buenas porque Dios las manda, o Dios las manda porque son buenas? Si el creyente no se desvía y no empieza a hablar de otras cosas, solo tiene dos posibles respuestas; o a) Dios las manda porque son buenas, o b) Son buenas porque Dios las manda. En el primer caso, la moralidad es independiente de Dios, puesto que no es necesario que esté Dios para que sean buenas. Pero si el creyente responde que son buenas porque Dios las manda, entonces, en principio, todo estaría permitido. Si Dios dicta la moral, todo está permitido. Cualquier mandato de Dios sería bueno porque “es de él”. Sin embargo, un defensor del cristianismo intentaría refutarme y me diría que Dios solo puede ordenar cosas buenas porque él es necesariamente bueno. Dios es bueno y no puede ordenar cosas malas; la moralidad está ligada a Dios.
     El principal argumento teísta son las escrituras. Las escrituras demuestran que Dios ha ordenado hacer cosas que niegan la doctrina moral comúnmente aceptada. Si la moralidad se basa en Dios, entonces estamos jodidos. Dios castiga reiteradamente a los hombres por pecados ajenos. Obliga a los hombres a trabajar dolorosamente por el pecado de Adán (Gén. 3, 16 – 18). Endurece el corazón del faraón (Éxod. 7,3) para desatar plagas que destruyan medio Egipto. Mata a los primogénitos, incluso de las esclavas que estaban al margen del problema (Éxod. 11, 5). Castiga a los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos de aquellos que adoren a cualquier otro Dios (Éxod. 20, 3 - 5). Desata una epidemia contra los Israelitas que mata a veinticuatro mil, mientras que solo pocos habían tenido relaciones con medianitas, que adoran a Baal (Núm. 25, 1 – 9). Sometió al pueblo de David a tres años de hambre porque Saúl mató a los gabaonitas (2 Sam. 21, 1). Castiga con una plaga a Israel porque David contó lo que no era suyo, luego de que Dios le ordenara hacer un censo (2 Sam. 24, 10 – 15). Manda a dos osos para que despedacen a cuarenta y dos niños porque llamaron calvo al profeta Eliseo (2 Rey. 2, 23 – 24).  ¿Podría decir que Dios tiene permitido hacer cosas que los hombres no pueden hacer? Entonces, ¿qué ordena Dios qué hagan los hombres? Manda a matar a los adúlteros (Lev. 20, 10), a los homosexuales (Lev. 20, 13) y a los que trabajan en sábat (Éxo. 35, 2). Ordena a exiliar a los que comen sangre (Lev. 7, 27), a los que sufren lepra (Lev. 13, 46) y a los que tienen relaciones con sus esposas durante la menstruación (Lev. 20, 18). Dios envía a los israelitas a la limpieza étnica y al genocidio de varias tribus y ciudades (Éxo. 34, 11 – 14; Lev. 26, 7 – 9). Los genocidios están ligados al robo de sus tierras (Jos. 1, 1 – 6).
     Además de todo esto, en la biblia se permite la esclavitud (Lev. 25, 44 – 46; Efe. 6, 5). Los padres pueden vender a sus hijas en esclavitud (Éxo. 21, 7). Las prisioneras de guerra pueden ser violadas y tomadas como esposas (Deut. 21, 10 – 14). Los hombres pueden tener todas las esposas que quieran, pues los hombres solo son adúlteros cuando tienen relaciones con una mujer casada (Lev. 18, 20). Se permite sacrificar niños para recibir ayuda en la batalla (2 Rey. 3, 26 – 27), o para que poner fin a la hambruna (2 Sam. 21).
     Los observadores dirán que todo esto ocurre en el antiguo testamento. Si bien es cierto que en el nuevo testamento no ocurren genocidios, sí encontramos otras enseñanzas anti-morales. Debemos abandonar a nuestra esposa e hijos por él (Mat. 19, 29; Marc. 10, 29 -30; Luc. 18, 29 – 30). Sus discípulos deben odiar a su familia (Luc. 14, 26). A los hijos que maldicen a sus padres hay que matarlos (Mat. 15, 4 – 7; Mar. 7, 9 -10). Las mujeres deben ser pasivas y obedercer como dioses a sus esposos (1 Cor. 11, 3; Efe. 5, 22 – 24; Col. 3, 18; 1 Tim. 2, 11 – 12). En el Apocalipsis se profetiza que los hombres sufrirán más que en la destrucción de Sodoma y Gomorra (Mat. 10, 14 – 15; Luc. 10, 12).
      Si Dios ha muerto, solo lo moral está permitido. Kant hablaba en su época de un Imperativo Categórico que debe cumplirse sin importar la circunstancia[2]. No matar, decía Kant, debe cumplirse sin importar lo que suceda. No es este tipo de moral la que profeso. Si bien el hombre conoce las normas morales básicas por intuición, no significa esto que deban cumplirse siempre. La razón siempre estará por encima de la intuición. Daré un ejemplo. Un hombre está encerrado junto con seis personas. En su poder está la decisión de matar a una persona y liberar a las demás, o dejar que todos mueran de hambre. Si es un seguidor de Kant, dejaría morir de hambre a todos. Si es más racional, mataría a alguien para salvar la vida de los demás. Al igual que Kant, Dios prohíbe matar sin excepción (por lo menos en el segundo testamento). De allí a que Dios no sea indispensable para una moral. De hecho, la moral está mejor sin Dios.
     Mi intención no es, como ya dije, atacar a Dios. Esto porque, independientemente de la existencia o no de él, las escrituras han sido terriblemente modificadas. Se sabe que la fe ha sido un arma de control masiva desde tiempos inmemorables, y no me refiero solamente a la fe en el dios cristiano. La iglesia ha durado tanto tiempo en el poder por la fe. Esto significa que las personas fácilmente pudieron modificarlas para sacar de ella más beneficios. Ya lo decía Kant[3]:
“No cabe duda de que está mal privar a un hombre de su vida a causa de su fe religiosa, a menos que… una Voluntad Divina, puesta de manifiesto de modo extraordinario, lo haya dispuesto así. Sin embargo, la única manera de afirmar que Dios haya dictado alguna vez una orden tan terrible es basarse en documentos históricos, y nunca es seguro apodícticamente. A fin de cuentas, la revelación ha llegado hasta el inquisidor a través de los hombres, y ha sido interpretada por hombres; y aunque pareciese provenir del propio Dios (como la orden recibida por Abraham de que matase a su propio hijo como a un cordero), cabe la posibilidad de que en este caso haya prevalecido un error. Pero si fuera así, el inquisidor se arriesgaría a hacer algo malo en grado máximo; y en ese propio acto se te comporta de manera inconsciente.”
     Si bien mi intención no es atacar a Dios, tampoco lo es defenderlo. La posibilidad de una manipulación de la Biblia existe. Además es lo más probable. Sin embargo, teístas actuales se basan en ella para argumentar su moral y solo quiero mostrar que se equivocan. Solo eso. En vez de poner en peligro el ateísmo, lo afirman aún más. Una moral con el Dios de las escrituras, es peligrosa.


[1] Dostoievski, Fedor. (1996). Crimen y castigo.
[2] Kant, Inmanuel. (1781).  Fundamentación de la metafísica de las caostumbres.
[3] Kant en Hitchens. (2007). Dios no es bueno. 

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