viernes, 11 de enero de 2013

Don Ignacio


Muchos afirman que solamente fue un sueño. Muchos otros aseguran estar convencidos de que todo fue simples alucinaciones de don Ignacio Da Silva, víctima y victimario del delito; suponiendo, claro, que tal suceso pueda ser considerado como un delito. Sin embargo, la frialdad y la perfecta elocuencia con la que narra sus “alucinaciones” es asombrosa.

Habían transcurrido, cuenta él, dos o tres semanas desde que la crisis cafetera del sur de Brasil terminó, La cosecha del fruto marrón empezaba a prosperar de nuevo y Don Ignacio, por fin, se había desecho de Gerardo Antonio, un alimentado que había llevado a casa para subsanar en algo los gastos de la finca. Era un canalla y don Ignacio nunca lo quiso; esperaba hasta altas horas de la noche para usar su máquina de escribir  y encender la radio no dejando dormir al pobre viejito de Don Ignacio.

Su esposa había muerto hacía cinco años en un accidente aéreo mientras viajaba hacia San Gil, una bella ciudad del noreste colombiano donde vivía una hermana suya. Se cree que el piloto y el co-piloto habían bebido antes de subirse al avión; se cuenta también que, luego de ver el desastre ocasionado por él, decidió suicidarse al lado de su compañero muerto.
Don Ignacio se encontraba ya solo y, cuenta él, una noche llegó de sus cultivos y escuchó ruidos en lo que era la habitación de su antiguo alimentado.

-       Este pendejo no me devolvió las llaves de la finca – pensó para sí Don Ignacio, cuenta él.

En todo caso dice que agarró el cuchillo con el que solía matar marranos y salió a su encuentro. Dice él que cuando despertó recordaba todo perfectamente, convencido de que todo había ocurrido realmente y que no era, como dicen muchos, un simple sueño.
Dice él que cuando asestó la puñalada en la espalda del canalla, su rostró giró y vio su propio rostro. Él se había apuñalado a sí mismo. Y termina él siempre su historia diciendo:

- Si hubiera sido un sueño, no tendría esta cicatriz en la espalda – y se gira. 

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